Un Jedi, un matón y un espía entran a un bar… Afro Samurai

Un Jedi, un matón y un espía entran a un bar… Afro Samurai

Algo que siempre me ha gustado de nuestros vecinos de Nippon es ese gusto irreverente por fusionar u homenajear todo cuanto se les atraviesa en el camino y es entonces cuando toman el panteón griego lo revuelven con el romano y lo enfrentan con los escandinavos y hasta a los budistas en batallas cósmicas.

Otro ejemplo es aquel clásico de clásicos en donde Gainax nos trajo una tremenda revoltura o visión a partir de la iconografía clásica cristiana y hasta la cábala para llenar de “contenido” una serie de mechas y hartos garrotazos que terminó casi casi en terror psicológico.

Y como todo buen colectivo creativo, cuando uno piensa que ya no puede haber nada más y que no se puede innovar entre tanta innovación ese toque de, como llamarlo, valemadrizmo propio de un Quentin Tarantino que cambia la historia y nos presenta a un puñado de bastardos dándole su merecido a Hitler, de la misma forma llega un negrote armado con toneladas de actitud, muchos cigarros y una katana.

Para quienes no tienen ni idea de a dónde van mis desvaríos de hoy, pues he de decir que Afro Samurai es ese deleite lleno de mucha acción, mucha actitud y un resultado fugaz y sorprendente. Al principio no entiendes si es una broma o si se trata de un capítulo perdido de Shaft cuando visita el “lejano oriente”. Por momentos parece que el soundtrack debería estar a cargo de Jaimito Café (ok, si, me manché, disculpe usted señor James Brown) y poco a poco vas descubriendo que las incoherencias dejan de ser incoherencias cuando se presentan de manera constante y consistente.

Eventualmente terminas por aceptar el tremendo afro que se carga nuestro héroe, el hecho de que se trata de un futuro distante y en la onda post apocalíptica y no una extraña versión del pasado tipo steam punk o algo parecido y después de un primer trago algo difícil de aceptar comienzas a disfrutar las delicias de esta serie corta que cuenta con unas contribuciones de verdadera talla internacional pues el mismísimo jedi-shield-frozono Leroy Jackson por muchos conocido mejor como Samuel, no solamente es la voz principal en esta animación sino que también es productor ejecutivo y trabajó en conjunto con Gonzo (el que piense en los muppets por favor discúlpese y retírese de aquí) RZA y el fabuloso arte de Okazaki Takashi quienes en conjunto nos entregan una verdadera obra de arte hip hoppera / samurái / street art y un largo etcétera de elementos que en primera instancia no deberían estar juntos.

Cuando algo es verdaderamente artístico resulta inspirador, por lo menos así lo creo yo, por favor los críticos de arte guarden sus clavos y la leña verde porque no los pienso atender el día de hoy, pero en verdad me da mucho gusto que Afro Samurai sea también la inspiración de un buen video juego que explota con creces el fino arte conocido en el medio como velocidad matrix y que en las secuencias de combate verdaderamente evocan al anime en donde a veces necesitas que te expliquen qué fue lo que sucedió porque de plano no viste nada, algo así como en los primeros capítulos de Saint Seiya, good times.

Ya sea por el soundtrack, por el diseño de personajes, por la historia o sencillamente por ver un montón de espadazos y chorros y chorros de sangre salpicando a los espectadores, Afro Samurai parece una obra que salta de un buen graffitti para convertirse en un anime de culto y multicultural.

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