Mucho se ha hablado del gran avance tecnológico de Japón, de sus robots que tanto aman y que día a día se vuelven “más humanos”. Lo sorprendente es que esto no es cosa de poco tiempo, ellos, desde hace muchos años, han buscado darle vida a sus creaciones, por ejemplo, desde que inventaron el karakuri ningyo





Karakuri
es como se conocen a sus autómatas, una traducción aproximada podría ser “aparatos mecánicos para producir la sorpresa en una persona”. Ningyo se escribe con dos caracteres que significan “persona” y “forma”. Sirven para muchas cosas, se podría decir que el límite es la imaginación; hay unos muñequitos que se acercan a servirte el té, otros que pueden bajar escaleras


haciendo una especie de piruetas, otros que incluso pueden lanzar flechas con un arco.

La magia en ellos reside en sus movimientos cortos, exactos y delicados, casi humanos Su apariencia es tratada con sumo cuidado para que se vean lo más semejante posible a un ser humano “normal”, pues claro, son muñecos, algunos muy pequeños.

Todo empezó en China, cuando los chinos empezaron a manejar el mecanismo del reloj. Hicieron una figura de un caballero, que estaba montada en una carreta que al ser jalada, siempre apuntaba al sur, usando engranes de madera. Entonces ese conocimiento brincó a Japón y los japoneses, maravillados, empezaron a “jugar” con el mecanismo , usando engranajes, pesas y cuerdas, y con gran ingenio, desarrollaron el karakuri. Esto fue en el periodo Edo, también conocido como Tokugawa (1603 hasta 1868).

Se dividen en 3 categorías, que son de acuerdo al uso que se les da:

  1. Los “Butai Karakuri”, que son usados en el teatro.
  2. Los “Dashi Karakuri”, que se utilizaban en las festividades religiosas.
  3. Los “Zashiki Karakuri”, son más pequeños eran con los que se jugaba en las habitaciones.

 Butai Karakuri.

Muchos japoneses se enteraron de la existencia del karakuri gracias a las representaciones teatrales que ofrecía un señor de nombre Takeda Omi en Osaka. Él era un relojero y los karakuri que creaba no solo eran mecánicos, sino también usaban agua para funcionar (como con una clepsydra), aprovechando que su teatro estaba junto a un canal de agua.

El escenario pertenecía a las marionetas; las obras de teatro más importantes del periodo Edo fueron escritas para su uso. En el antiguo teatro japonés, se daba más importancia a los movimientos y lo que ellos expresaban que a las palabras mismas. El uso de las marionetas se extendió tanto, que cuando la participación de las mujeres fue prohibida en el tipo de obras “Kabuki”  por el Shogunado en el año 1629, se hicieron marionetas karakuri con formas femeninas para que actuaran. En las obras podías ver a las marionetas karakuri con hombres vestidos de negro que actuaban como si fueran marionetistas.

Dashi Karakuri.

También son marionetas, pero en vez de ser usadas en un escenario grande, se usan en una especie de carroza que tiene tres niveles:

  • Un nivel llamado Uwayama, que es el principal, para las marionetas.
  • Otro donde están los marionetistas.
  • Y el último nivel es para los músicos, que tocan flautas y tambores.

La carroza es cargada por alrededor de 20 hombres para moverla. Se presentan en los matsuri (festivales japoneses), que junto con los karakuri, son muy importantes para los japoneses. Las carrozas usadas son diferentes por cada pueblo, pues los residentes tratan de reflejar en ellas lo mejor de su localidad

Zashiki Karakuri.


Estos son más pequeños y están diseñados para uso en el hogar. Antiguamente eran artículos de lujo exclusivo para los señores feudales en el periodo Edo. Quizás estos son los más interesantes, pues son los que más se puede apreciar de cerca su parecido con los robots actuales.

Son los más técnicamente intrincados y preciosos de los karakuri. En sus mecanismos se ha llegado a usar arena, agua, mercurio y hasta vapor. Ejemplos muy conocidos de este tipo de karakuri son la “Chahakobi Ningyo” o muñeca que sirve el té, y la “Yumihiki Doji” o muñeca arquera.

La Chanakobi Ningyo tiene sus manitas de tal forma que puede sostener una taza con su platito

entonces, el anfitrión coloca la taza de té en el plato y la muñeca empieza a moverse en dirección a su

invitado cierta distancia y cuando retira la taza, la muñeca da media vuelta y regresa a su sitio original, junto al anfitrión. Este tipo de muñecas karakuripermiten expresar un sentido muy humano, que es lo que se busca con este tipo de mecanismos.

La Yumihiki Doji es considerada la cúspide del arte del mecanismo Karakuri del periodo Edo. Está colocada a unos 30 cm del suelo. La muñeca toma una flecha y la dispara a su objetivo 4 veces. 1 de cada 10 veces que se dispare, la muñeca va a fallar, esto es intencional y es para causar la sensación de suspenso en el público espectador.


Es un arte que se ha ido perdiendo poco a poco, aunque todavía hay quienes la practican y rescatan esta bonita tradición. Ejemplo importante es Tamaya Shobei IX, que es el único Maestro Karakuri Ningyo que sigue con vida y que además es el único que tiene un linaje directo inquebrantado

Para finalizar, les comparto un video. Espero que les haya gustado esta nota. Si tienen algún comentario, ¡háganlo!

Karakuri from Matthew Allard ACS on Vimeo

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