Hace un par de años Hollywood se cimbró ante la huelga de escritores lo cual provocó una importante caída y ajuste en la creación de material de entretenimiento. Muchas películas fueron enlatadas, otras tantas se cancelaron, series de televisión se suspendieron y otras tuvieron que retrasar el lanzamiento de su última temporada y todo un gran lío. Pero en realidad esto sucede cada cierto tiempo puesto que todo buen escritor no puede funcionar como una fotocopiadora y sacar material con tan solo oprimir un botón.

Así pues, de vez en cuando los “creativos” de la industria del entretenimiento se toman vacaciones y viajan por el mundo o se sumergen en el “zapping” para encontrar nuevas ideas.

Algo por el estilo fue lo que debió motivar que allá por 1997 un estudio norteamericano (gringo pues) uniera fuerzas con un estudio nipón para trabajar en la muy solicitada secuela de Vampire Hunter D. Como la audiencia se impuso y demandaba la producción de esta película motivó a los amantes de los billetes verdes a echarle todas las ganas e involucrarse lo suficiente para que el lanzamiento fuera incluso más allá de las fronteras de Japón.

Por esa razón la película Vampire Hunter D: Bloodlust es bastante conseguible en diferentes aspectos. Una película llena de imágenes icónicas y con un estilo gótico mezclado con western que deja al famoso spaghetti-western como un intento débil y apenas logrado.

La carroza con caballos cibernéticos a todo galope mientras el pueblo lleno de crucifijos, rosas que se marchitan y agua que se congela al paso veloz de lo que seguramente es una criatura de oscuridad malévola son el hogar de una hermosa joven que duerme tranquilamente junto a su ventana. Si tenemos tantitita sensatez vampírica (de la era pre Twilight) podemos imaginarnos que se trata de un vampirote de esos que no eliminas con el primer golpe de estaca o espada de plata como cuando Blade ataca de deja solo montoncitos de ceniza a su paso. Para semejante criatura de la noche es necesario llamar a la caballería: y así lo hacen, envían una partida (típica de cualquier aventura rolera) equipada con un tanque que parece un gran ataúd de acero y un montón de armas y “especialistas” que parece podrán hacer el trabajo de eliminar a semejante bicho.

Pero no pasa mucho tiempo antes de que sepamos que aunque su aspecto los hace parecidos a Billy: el exterminador, en realidad no logran ser eficientes ante un vampiro que al parecer tiene alas de acero y mucho, MUCHO carisma. Solo entonces se vuelve necesario atacar fuego con fuego y es así como aparece nuestro querido héroe

Y bueno, para no contar la película pues solamente hay que decir que es un verdadero clásico que nos ayuda a recordar a aquellos vampiros de épocas pasadas que lograban ser guapos sin usar maquillaje de brillitos.

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